Manifiestos Futuristas

Futurismo *

* De los tres manifiestos futuristas que siguen. el primero salió en francés en las páginas de Fígaro el 20 de febrero de 1909, y luego en la revista milanesa Poesia, núms. 1-2. El segundo y el tercero fueron publicados también en Poesia al año siguiente, en febrero y abril respectivamente. Estos tres manifiestos, junto con el de la Escultura futurisra, de Boccioni, publicado en abril de 1912, constituyen el núcleo programático fundamental del movimiento. Los restantes manifiestos, bastante numerosos y de variado argumento, añaden bien poco a la fisonomía del futurismo, especialmente por lo que se refiere a las artes figurativas.


Tren suburbano entrando en París (1915) Gino Severini.

Fundación y Manifiesto del futurismo

“Habiamos velado toda la noche -mis amigos y yo- bajo lámparas de mezquita de cúpulas de bronce calado, estrelladas como nuestras almas. pues como ellas estaban irradiadas por el cerrado fulgor de un corazón eléctrico. Habiamos pisoteado largamente sobre opulentas alfombras orientales nuestra atávica galbana. discutiendo 1 ante las fronteras extremas de la lógica y ennegreciendo mucho papel con frenéticas escrituras.

Un inmenso orgullo henchía nuestros pechos, pues nos sentíamos los únicos, en esa hora, que estaban despiertos y erguidos. como faros soberbios y como centinelas avanzados, frente al ejército de las estrellas enemigas. que nos observaban desde sus celestes campamentos. Solos con los fogoneros que se agitan ante los hornos infernales de los grandes barcos, solos con los negros fantasmas que hurgan en las panzas candentes de las locomotoras lanzadas en loca carrera, solos con los borrachos trastabilleantes con un inseguro batir de alas a lo largo de los muros.

De repente, nos sobresaltamos al oir el ruido formidable de los enormes tranvías de dos pisos, que pasaban brincando, resplandecientes de luces multicolores, como los pueblos en fiesta que el Po desbordado sacude y desarraiga de repente para arrastrarlos hasta el mar sobre las cascadas y a través de los remolinos de un diluvio.

Luego el silencio se hizo más profundo,. Pero, mientras escuchábamos el extenuado borboteo de plegarias del viejo canal y el crujir del hueso de los palacios moribundos sobre sus barbas de húmeda verdura, de súbito oímos rugir bajo las ventanas los automóviles famélicos.

«¡Vamos! -dije yo-. ¡ Vamos, amigos! Finalmente, la mitología y el ideal místico han sido superados. Estamos a punto de asistir al nacimiento del Centauro y pronto veremos volar a los primeros Angeles!.. ¡Habrá que sacudir las puertas de la vida para probar sus goznes y sus cerrojos!… ¡Partamos! ¡He aquí, sobre la tierra, la primerísima aurora! ¡No hay nada que iguale el esplendor de la roja espada del sol. que brilla por primera vez en nuestras tinieblas milenarias !».

Nos acercamos a las tres fieras resoplantes para palpar amorosamente sus tórridos pechos. Yo me recosté en mi automóvil como un cadáver en el ataúd, pero en seguida resucité bajo el volante, hoja de guillotina que amenazaba mi estómago.

La furibunda escoba de la locura nos arrancó de nosotros mismos y nos lanzó a través de las calles, escarpadas y profundas como lechos de torrentes. Aquí y allá, una lámpara enferma tras los cristales de una ventana nos enseñaba a despreciar la falaz matemática de nuestros ojos perecederos.

Yo grité: «¡El olfato. A las fieras les basta con el olfato!»

Y nosotros, como jóvenes leones, seguíamos a la Muerte de pelaje negro y manchado de pálidas cruces que corría por el vasto cielo violáceo, vivo y palpitante.

Y, sin embargo, no teníamos una Amante ideal que irguiera hasta las nubes su sublime figura, ni una Reina cruel a la que ofrendar nuestros despojos, retorcidos a guisa de anillos bizantinos. Nada para querer morir, sino el deseo de liberarnos finalmente de nuestro valor demasiado pesado.

Y corríamos, aplastando en los umbrales de las casas a los

perros guardianes que se redondeaban bajo nuestros neumáticos hirvientes, como cuellos almidonados baío la plancha. La Muerte, domesticada, se me adelantaba en cada curva para tenderme su garra con gracia y, de vez en cuando, se echaba al suelo con un ruido de mandíbulas estridentes, lanzándome desde cada charco miradas aterciopeladas y acariciadoras.

«¡Salgamos de la sabiduría como de una horrible cáscara, y lancémonos como frutos sazonados de orgullo dentro de la boca inmensa v torcida del viento!… ¡Démonos en pasto a lo Ignoto, no ya por desesperación, sino sólo para colmar los profundos pozos de lo Absurdo !»

Apenas había pronunciado estas palabras, cuando bruscamente me di media vuelta, con la misma ebrierlad loca de los perros que quieren morderse el rabo, y he aquí que, de repente, vinieron a mi encuentro dos ciclistas, que me disputaron la razón, ambos persuasivos y, sin embargo, contradictorios. Su estúpido dilema discutía mi territorio… ¡Qué lata!… Seguí y por el disgusto me arrojé con las ruedas al aire en un foso…

¡Oh! ¡Foso materno, casi lleno de agua fangosa! ¡Hermoso foso de botica! Degusté ávidamente tu cieno fortificante, que me trajo a la memoría la santa mama negra de mi nodriza sudanesa… Cuando me alcé -andrajo sucio y maloliente- de debajo del coche volcado, me sentí atravesar el corazón. deliciosamente. por el hierro ardiente de la alegría.

Una muchedumbre de pescadores armados de cañas de pescar y de naturalistas gotosos se alborotaba ya en torno al prodigio. Con cuidado paciente y meticuloso, aquella gente montó altos armazones y enormes redes de hierro para pescar mi automóvil, semejante a un gran tiburón varado. El coche salió lentamente del foso, abandonando en el fondo, como escamas, su pesada carroceria de sentido común y 5W mórbidos enguatados de comodidad

Creian que estaba muerto, mi hermoso tiburón, pero una caricia mía fue suficiente para reanimarlo, y ¡helo aquí resucitado helo aquí corriendo de nuevo sobre sus poderosas aletas! .

Entonces, con el rostro cubierto del buen fango de los talleres empaste de escorias metálicas, de sudores inútiles, de hollines celestes-, nosotros, contusos y con los brazos vendados, dictamos nuestras primeras voluntades a todos los hombres hijos de la tierra:

1. Nosotros queremos cantar el amor al peligro, el hábito de la energía y de la temeridad.

2. El valor, la audacia, la rebelión serán elementos esenciales de nuestra poesía.

3. Hasta hoy, la literatura exaltó la inmovilidad pensativa, el éxtasis y el sueño. Nosotros queremos exaltar el movimiento agresivo, el insomnio febril, el paso ligero, el salto mortal, la bofetada y el puñetazo.

4. Nosotros afirmamos que la magnificencia del mundo se ha enriquecido con una belleza nueva: la belleza de la velocidad. Un automóvil de carreras con su capó adornado de gruesos tubos semejantes a serpientes de aliento explosivo…, un automóvil rugiente que parece correr sobre la metralla, es más bello que la Victoria de Samotracia.

5. Nosotros queremos cantar al hombre que sujeta el volante, cuya asta ideal atraviesa la Tierra, ella también lanzada a la carrera, en el circuito de su órbita.

6. Es necesario que el poeta se prodigue con ardor, con lujo y con magnificencia para aumentar el entusiástico ferv9r de los elementos primordiales.

7. Ya no hay belleza si no es en la lucha. Ninguna obra que no tenga un carácter agresivo puede ser una obra de arte. La poesía debe concebirse como un violento as-alto contra las fuerzas desconocidas, para obligarlas a arrodillarse ante el hombre.

8. Nos hallamos sobre el último promontorio de los siglos!… ¿Por qué deberíamos mirar a nuestras espaldas, si queremos echar abajo las misteriosas puertas de lo Imposible? E1 Tiempo y el Espacio murieron ayer. Nosotros ya vivimos en lo absoluto, pues hemos creado ya la eterna velocidad omnipresente.

9. Nosotros queremos glorificar la guerra -unica higiene del mundo-, el militarismo, el patriotismo, el gesto destructor de los libertarios, las hermosas ideas por las que se muere y el desprecio por la mujer.

10. Nosotros queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias de todo tipo, y combatir contra el moralismo, el feminismo y toda cobardía oportunista o utilitaria.

11. Nosotros cantaremos a las grandes muchedumbres agitadas por el trabajo, por el placer o la revuelta; cantaremos a -las marchas multicolores y polifónicas de las revoluciones en las capitales modernas; cantaremos el vibrante fervor nocturno de los arsenales y de los astilleros incendiados por violentas lunas eléctricas; las estaciones glotonas, devoradoras de serpientes humeantes; las fábricas colgadas de las nubes por los retorcidos hilos de sus humos; los puentes semejantes a gimnastas gigantes que saltan los ríos, relampagueantes al sol con un brillo de cuchillos; los vapores aventureros que olfatean el horizonte, las locomotoras de ancho pecho que piafan en los raíles como enormes caballos de acero embridados con tubos, y el vuelo deslizante de los aeroplanos, cuya hélice ondea al viento como una bandera y parece aplaudir como una muchedumbre entusiasta.

Desde Italia lanzamos al mundo este manifiesto nuestro de violencia arrolladora e incendiaria, con el que fundamos hoy el Futurismo, porque queremos liberar a este país de su fétida gangrena de profesores, de arqueólogos, de cicerones y de anticuarios.

Por demasiado tiempo Italia ha sido un mercado de buhoneros., Nosotros queremos liberarla de les innumerables museos que la cubren toda de cementerios innumerables.

Museos: ¡Cementerios!… Idénticos, verdaderamente, por la siniestra promiscuidad de tantos cuerpos que no se conocen. Museos: Dormitorios públicos en que se reposa para siempre junto a seres odiados e ignotos! Museos: ¡Absurdos mataderos de pintores y escultores que van matándose ferozmente a golpes de colores y de líneas, a lo largo de paredes disputadas!

Que se vaya a ellos en peregrinación una vez al año, como se va al camposanto en el día de los Difuntos…, os lo concedo. Que una vez al año se deposite un homenaje de flores a los pies de la Gioconda, os lo concedo… Pero no admito que se lleven cotidianamente a pasear por los museos nuestras tristezas, nuestro frágil valor, nuestra morbosa inquietud. ¿Para qué querer envenenarnos? ¿Para qué querernos pudrir?

¿Y qué otra cosa se puede ver en un viejo cuadro sino la fatigosa contorsión del artista, que se esforzó por romper las insuperables barreras opuestas a su deseo de expresar enteramente su sueño?… Admirar un cuadro antiguo equivale a verter nuestra sensibilidad en una urna funeraria, en lugar de proyectarla lejos, en violentos gestos de creación y de acción.

¿Queréis malgastar todas vuestras mejores fuerzas en esta eterna e inútil admiración del pasado, de la cual salís fatalmente exhaustos, disminuidos y pisoteados?

En verdad yo os declaro que la visita cotidiana de los museos, bibliotecas y academias (cementerios de esfuerzos vanos, calvarios de sueños crucificados, registros de impulsos tronchados…) es para los artistas igualmente dañina que la tutela prolongada de los padres para ciertos jóvenes ebrios de ingenio y de voluntad ambiciosa. Para los moribundos, para los enfermos, para los prisioneros, sea: el admirable pasado es, tal vez, un bálsamo para sus males, pues para ellos el porvenir está cerrado… Pero nosotros no queremos saber nada del pasado. ¡Nosotros, los jóvenes fuertes y futuristas!

¡Vengan, pues, los alegres incendiarios de dedos carbonizados! ¡Aquí están! ¡Aquí están! ¡Vamos! ¡Prended fuego a los estantes de las bibliotecas! ¡Desviad el curso de los canales para inundar los museos!… ¡Oh, qué alegría ver flotar a la deriva, desgarradas y desteñidas en esas aguas, las viejas telas gloriosas!… ¡Empuñad los picos, las hachas, los martillos, y destruid. destruid sin piedad las ciudades veneradas!

Los más viejos de nosotros tienen treinta años: asi pues, nos queda, por lo men os, una década para cumplir nuestra obra. Cuando tengamos cuarenta años, que otros hombres más jóvenes y más valiosos nos arrojen a la papelera como manuscritos inútiles. Nosotros lo deseamos!

Nuestros sucesores vendrán contra nosotros; vendrán de lejos, de todas partes, danzando sobre la cadencia alada de sus primeros cantos, alargando sus dedos ganchudos de depredadores, y olfateando como perros a las puertas de las academias, el buen olor de nuestras mentes en putrefacción, ya prometidas a las catacumbas de las bibliotecas.

Pero nosotros no estaremos allí… Ellos nos encontrarán, al fin-una noche de invierno en campo abierto, bajo una triste tejavana tamborileada por una lluvia monótona, y nos verán acurrucados junto a nuestros aeroplanos trepidantes y en el acto de calentarnos las manos en el fuego mezquino que darán nuestros libros de hoy, llameando bajo el vuelo de nuestras imágenes.

Alborotarán a nuestro afrededor, jadeando de angustia y de despecho, y todos, exasperados por nuestra soberbia e infatigable osadía, se nos echarán encima para matarnos, impulsados por un odio tanto más implacable cuanto más ebrios estén sus corazones de admiración por nosotros.

La fuerte y sana Injusticia estallará radiante en sus ojos. ¡En efecto, el arte no puede ser más que violencia, crueldad e injusticia!

Los más viejos de nosotros tienen treinta años; sin embargo, nosotros ya hemos despilfarrado tesoros, mil tesoros de fuerza, de amor, de audacia, de astucia y de ruda voluntad; los hemos desperdiciado con impaciencia, con furia, sin contar, sin vacilar jamás, sin jamás descansar, hasta el último aliento… ¡Mi rad nos! ¡Todavía no estamos exhaustos! ¡Nuestros corazones no sienten ninguna fatiga porque se alimentan de fuego, de odio y de velocidad !… ¿Os asombráis?… ¡Es lógico, porque vosotros ni siquiera os acordáis de haber vivido! ¡Erguidos en la cima del mundo, nosotros lanzamos, una vez más,- nuestro reto a las estrellas!

¿Nos ponéis objeciones ?… ¡Basta! ¡Basta! Las conocemos… ¡Hemos comprendido!… Nuestra bella y mendaz inteligencia nos con-firma que nosotros somos el resumen y la prolongación de nuestros antepasados. ¡Tal vez!… ¡Así sea!… ¿Pero qué importa? ¡No queremos entender!… ¡Ay de quien repita estas palabras infames!… ¡Levantad la cabeza!…

¡Erguidos en la cima del mundo, nosotros lanzamos, una vez más, nuestro reto a las estrellas!

F.T. Marinetti


Dinamismo di un corpo umano (1913)  Umberto Boccioni.

Manifiesto de los pintores futuristas

¡A los artistas jóvenes de Italia!

El grito de rebelión que lanzamos, asociando nuestros ideales a los de los poetas fíturistas, no parte de una capillita estética, sino que expresa el violento deseo que hierve hoy en las venas de todo artista creador.

Nosotros queremos combatir encarnizadamente la religión fanática, inconsciente y snob del pasado, alimentada por la existencia nefasta de los museos. Nos rebelamos contra la supina admiración de las viejas telas, de las viejas estatuas, de los objetos viejos – y contra el entusiasmo por todo lo que está carcomido, sucio, corroído por el tiempo, yjuzgamos injusto y delictivo el habitual desdén por todo lo que es joven, nuevo y palpitante de vida.

¡Com pañeros! Nosotros os decimos que el triunfante progreso de las ciencias ha determinado en la humanidad cambios tan profundos que ha abierto un abismo entre los dóciles esclavos del pasado y nosotros, libres y seguros de la radiante magnificencia del futuro.

Nosotros estamos asqueados de la pereza vil que, desde el siglo xvi, hace vivir a nuestros artistas de una incesante explotación de las glorias antiguas.

Para los demás pueblos Italia sigue siendo una tierra de muertos, una inmensa Pompeya blanqueada de sepulcros. Pero Italia renace, y a su resurgimiento político sigue el resurgimiento intelectual. En el país de los analfabetos se multiplican las escuelas: en el país del dolce far niente – rugen ya innumerables fábricas: en el país de la estética tradicional alzan el vuelo inspiraciones fulgurantes de novedad.

Sólo es vital el arte que encuentra sus propios elementos en el ambiente que lo circunda. Así como nuestros antepasados hallaron materia de arte en la atmósfera religiosa que dominaba sus almas, nosotros debemos inspirarnos en los milagros tangibles de la vida contemporánea, en la férrea red de velocidad que abraza la Tierra, en los transatlánticos, en los acorazados, en los vuelos maravillosos que surcan los cielos, en las audacias tenebrosas de los navegantes submarinos, en la lucha espasmódica por la conquista de lo desconocido. ¿Y podemos permanecer insensibles a la frenética actividad de las grandes capitales, a la psicología novísima del noctambulismo, a las figuras febriles del vividor, de la cocotte, del apache y del alcoholizado?

Como queremos contribuir a la necesaria renovación de todas las expresiones de arte, declaramos la guerra, resueltamente, a todos los artistas y a todas las instituciones que, aun camuflándose so capa de una falsa modernidad, siguen atascados en la tradición, en el academicismo y, sobre todo, en una repugnante pereza cerebral.

¡Denunciamos al desprecio de los jóvenes a toda esa canalla inconsciente que en Roma aplaude un nauseabundo reflorecimiento de clasicismo reblandecido; que en Florencia exalta a neuróticos cultivadores de un arcaísmo hermafrodita; que en Milán remunera una pedestre y ciega manualidad cuarentayochesca; que en Turin alaba una pintura de funcionarios gubernativos jubilados, y que en Venecia glorifica a una farragosa pátina de alquimistas fosilizados! En suma, nos alzamos contra la superficialidad, la trivialidad y la facilonería hortera y perdularia que hacen profundamente despreciable a la mayor parte de los artistas respetados de cada región de Italia.

¡Fuera, pues, restauradores vendidos de viejas costras! ¡Fuera, arqueólogos atacados de necrología crónica! ¡Fuera, críticos complacientes y proxenetas! ¡Fuera, academias gotosas, profesores borrachos e ignorantes! ¡Fuera!

Preguntad a estos sacerdotes del culto verdadero, a estos depositarios de las leyes estéticas, dónde están hoy las obras de Giovanni Segantini: preguntadíes por qué las comisiones oficiales no se dan cuenta de la existencia de Gaetano Previati; preguntadíes dónde se aprecia la escultura de Medardo Rosso… ¿Y quién se preocupa de pensar en los artistas que no Uevan veinte años de luchas y de sufrimientos, pero que, a pesar de eUo, van preparando obras destinadas a honrar a la patria?

¡Tienen muy otros intereses que defender los críticos pagados! ¡Las exposiciones, los concursos, la crítica superficial y nunca desinteresada condenan el arte italiano a la ignominia de una auténtica prostitución!

¿Y qué decir de los especialistas? ¡Vamos! ¡Acabemos con los Retratistas, con los Pintores de interiores, con los Laguistas, con los Mon tañis tas!… ¡Ya hemos soportado bastante a todos estos impotentes pintores domingueros!

¡Acabemos con los desfiguradores de mármoles que atestan las plazas y profanan los cementerios! ¡Acabemos con la arquitectura comercial de los contratistas de cemento armado! ¡Acabemos con los decoradores de perra gorda, con los falsificadores de cerámicas, con los cartelistas vendidos y con los ilustradores torpes y chapuceros!

He aquí nuestras CONCLUSIONES claras:

Con esta entusiasta adhesión al futurismo, nosotros queremos:

1. Destruir el culto del pasado, la obsesión de lo antiguo, la pedantería y el formalismo académico.

2. Despreciar profundamente toda forma de imitación.

3. Exaltar toda forma de originalidad aunque sea temeraria, aunque sea violentisima.

4. Sacar valor y orgullo de la fácil tacha de locura con que se azota y amordaza a los innovadores.

5. Considerar a los críticos de arte como inútiles y dañinos.

6. Rebelamos contra la tiranía de las palabras ARMONíA

Y BUEN GUSTO, expresiones demasiado elásticas, con las que fácilmente se podría demoler la obra de Rembrandt, de Goya y de Rodion.

7. Barrer del campo ideal del arte todos los motivos y todos los temas ya explotados.

8. Representar y magnificar la vida actual, incesante y tumultuosamente transformada por la ciencia victoriosa.

¡Entiérrese a los muertos en las más profundas entrañas de la tierra! ¡Quede libre de momias el umbral del futuro! ¡Paso a los jóvenes, a los violentos, a los temerarios!

Pintor Umberto Boccioni (Milán).

Pintor Carlo Dalmazzo Carrá (Milán).

Pintor Luigi Russolo (Milán).

Pintor Giacomo Baila (Roma).

Pintor Gino Severini (París).


Giacomo Balla
Plastic Construction of Noise and Speed, 1915

La pintura futurista: Manifiesto técnico

En el primer manifiesto que lanzamos el 8 de marzo de 1910 desde el escenario del Politeama Chiarella de Turin, expresamos nuestro profundo asco, nuestro orgulloso desprecio y nuestra alegre rebelión contra la vulgaridad, contra la mediocridad y contra el culto fanático y snob de lo antiguo, que sofocan el Arte de nuestro país.

Entonces nos ocupábamos de las relaciones que existen entre nosotros y la sociedad. Hoy, en cambio, con este segundo manifiesto, nos alejamos resueltamente de toda consideración relativa y nos alzamos a las más altas expresiones de lo absoluto pictórico.

¡Nuestra ansia de verdad ya no puede ser apagada por la Forma ni por el Color tradicionales!

Para nosotros, el gesto ya no será un momento fijado del dinamismo universal: será, decididamente, la sensación dinámica eternizada como tal.

Todo se mueve, todo corre, todo transcurre con rapidez. Una figura nunca es estable ante nosotros, sino que aparece y desaparece incesantemente. Por la persistencia de la imagen en la retina las cosas en movimiento se multiplican, se deforman, sucediéndose como vibraciones en el espacio que recorren. Así, un caballo que corre no tiene cuatro patas: tiene veinte, y sus movimientos son triangulares.

Todo .en el arte es convencional y las verdades de ayer son hoy puras mentiras para nosotros.

Una vez más afirmamos que el retrato, para ser una obra de arte, no puede ni debe parecerse a su modelo, y que el pintor lleva en sí los paisajes que quiere producir. Para pintar una figura no es necesario hacerla; es necesario hacer su atmósfera.

El espacio ya no existe; una calle mojada por la lluvia e iluminada por globos eléctricos se abisma hasta el centro de la tierra. El sol dista miles de kilómetros de nosotros; pero la casa que tenemos delante ¿acaso no nos parece como encajada en el disco solar? ¿Quién puede seguir creyendo en la opacidad de los cuerpos mientras nuestra aguzada y multiplicada sensibilidad nos hace intuir las oscuras manifestaciones de los fenómenos mediánicos? ¿Por qué hay que seguir creando sin tener en cuenta nuestra potencia visual, que puede dar resultados análogos a los de los rayos X?

Son innumerables los ejemplos que dan una sensación positiva para nuestra afirmación.

Las dieciséis personas que hay alrededor vuestro en un tranvía que corre son una, diez, cuatro, tres: están quietas y se mueven; van y vienen; rebotan en la caUe, devoradas por una zona de sol, luego vuelven a sentarse, como símbolos persistentes de la vibración universal. Y, a veces, en la mejilla de la persona con la que hablamos en la calle vemos el caballo que pasa lejos. Nuestros cuerpos entran en los divanes en que nos sentamos, y los divanes entran en nosotros, del mismo modo que el tranvía que pasa entra en las casas, las cuales, a su vez, se arrojan sobre el tranvía y se amalgaman con él.

La construcción de los cuadros es estúpidamente tradicional. Los pintbres siempre nos mostraron cosas y personas colocadas ante nosotros. Nosotros pondremos al espectador en el centro del cuadro.

Como en todos los campos del pensamiento humano, las inmóviles oscuridades del dogma han sido sustituidas por la iluminada búsqueda individual, del mismo modo es necesario que en nuestro arte la tradición académica sea sustituida por una vivificadora corriente de libertad individual.

Nosotros queremos volver a entrar en la vida. La ciencia de hoy, al negar su pasado, responde a las necesidades intelectuales de nuestro tiempo.

Nuestra nueva conciencia ya no nos hace considerar al hombre 1 como centro de la vida universal. Para nosotros el dolor de un hombre es tan interesante como el de una bombilla eléctrica que sufre, llora y grita con las más desgarradoras expresiones de color; y la musicalidad de la línea y de los pliegues de un traje moderno tiene para nosotros una potencia emotiva y simbólica igual a la que el desnudo tuvo para los antiguos.

Para concebir y comprender las bellezas nuevas de un cuadro moderno es necesario que el alma vuelva a ser pura; que el ojo se libere del velo con que lo han cubierto el atavismo y la cultura, y que considere como único control a la Naturaleza, no a los Museos.

Entonces, todos se darán cuenta de que bajo nuestras epidermis no serpentea el color pardo, sino que brilla el amarillo, que el rojo flamea, y que el verde, el azul y el violeta danzan bajo ella, voluptuosos y acariciadores.

¿Cómo se puede seguir viendo rosado un rostro humano, mientras que nuestra vida se ha desdoblado innegablemente en el noctambulismo? El rostro humano es amarillo, es rojo, es verde, es azul, es violeta. La palidez de una mujer que mira el escaparate de un joyero es más iridiscente que todos los prismas de las joyas que la fascinan.

Nuestras sensaciones pictóricas no pueden murmurarse. Nosotros las hacemos cantar y grítar en nuestros lienzos, que tocan fanfarrias ensordecedoras y triunfales.

Vuestros ojos acostumbrados a la penumbra se abrirán a las más radiantes visiones de luz. Las sombras que pintemos serán más luminosas que las luces de nuestros predecesores, y nuestros cuadros, comparados con los almacenados en los museos, serán como el dia más fúlgido opuesto a la noche más tenebrosa.

Naturalmente, esto nos lleva a la conclusión de que no puede subsistir la pintura sin divisionismo. Sin embargo, el divisionismo no es, en nuestra opinión, un medio técnico que se pueda aprender y aplicar metódicamente. En el pintor moderno el divisionismo debe ser un complementarismo congénito, que en nuestra opinión es esencial y fatal.

Finalmente. rechazamos desde ahora la fácil acusación de barroquismo que se nos lanzará. Las ideas que hemos expuesto aquí derivan únicamente de nuestra sensibilidad aguzada. Mientras que barroquismo significa artificio y virtuosismo maníaco y desmedulado, el Arte que nosotros preconizamos es todo espontaneidad y potencia.

NOSOTROS PROCLAMAMOS

1. Que el complementarismo congénito es una necesidad absoluta en la pintura, como el verso libre en la poesía y como la polifonía en la música.

2. Que el dinamismo universal debe ser representado como sensación dinámica.

3. Que en la interpretación de la Naturaleza se necesita sinceri dad y virginidad.

4. Que el movimiento y la luz destruyen la materialidad de los cuerpos.

NOSOTROS COMBATIMOS

1. Contra la pátina y la veladura propia de los falsos antiguos.

2. Contra el arcaísmo superficial y elemental a base de colores planos, que reduce la pintura a una impotente sintesis infantil y grotesca.

3. Contra el falso porvenirismo de los secesionistas y de los independientes, nuevos académicos de cada país.

4. Contra el desnudo en pintura, tan empalagoso y oprimente como el adulterio en literatura.

Nos tomáis por locos. En cambio, nosotros somos los Primitivos de una nueva sensibilidad completamente transformada.

Fuera de la atmósfera en que nosotros vivimos no hay más que tinieblas Los Futuristas ascendemos hacia las cimas más excelsas y más radiantes, y nos proclamamos Señores de la Luz, pues bebemos en las vivas fuentes del Sol.

Pintor Umberto Boccionti (Milán)

Pintor Carlo Dalmazzo Carrá (Milán).

Pintor Luígi Russolo (Milán).

Pintor Giacomo Baila (Roma)

Pintor Cinio Severi,¡i (París).

Velocita di automobili - Giacomo Balla

(http://elcraneo.8m.com/manifiestosfuturistas.htm)

http://www.jotdown.es/2011/11/antonio-j-rodriguez-%C2%BFa-favor-del-urbanismo-2-0/

“Pero si la web 2.0. ha aportado un nuevo ser social, ése es, digámoslo así, el Homo Procrastinator, adicto a la comunicación y a los contenidos low fi. Mucho mejor lo expuso el escritor y guionista Carlo Padial en un tuit: «Atrapado en loop: mirar el email, luego Facebook, después Twitter. Volver a entrar en el email, luego facebook, después Twitter. Otra vez.» Es probable que ya hayamos perdido cualquier pudor a reconocernos como sujetos que reconocen sin ambages su relación de amor odio en todo ese tiempo que se pierde en Internet y las redes sociales”

Oiling Out:

http://www.peggyflanders.com/Information/oiling_out.htm

Oiling Out

For some reason oiling out is under emphasized or has been forgotten by many art instructors. Yet it is critical in creating conservation works of art.

Oiling out is the process of applying and rubbing in a thin coat of drying oil (linseed oil) or painting medium to an oil painting. This is done after the surface of the oil painting is sufficiently dry that the oil or medium can be applied without disturbing it.  Excess oil can be wiped off afterwards.  This saturates the color, restores the sunken areas of the painting and helps isolate the color layer from the final protective varnish.

Oil paintings should always be oiled out when completed and are waiting for sufficient drying before a final protective varnish is applied.

The painting may require more than one oiling out depending on how much the painting has sunk.  Oiling out should continue until there are no sunken areas after the painting has dried for several days.  Oiling out can also be done between painting sessions to restore sunken areas.  However, the painting should always be oiled out when completed and prior to varnishing.

Oil paintings may appear to sink or become dull in areas as they dry because:

  • Oil is absorbed out of the upper paint layers into the lower layers or the ground on the painting support.  This leaves the upper surface short of oil and microscopic rough.  Generally this occurs when the lower layers are more oil absorbent than the upper.
  • The oil surface can also become microscopic rough as a result of vaporization of the volatiles in the panting medium leaving pinholes to the deeper layers.

The color appears dull as a result of the difference in light reflection from the rough surface.  Oiling out restores the unified reflection surface to the painting.  In addition it seals any upper surface pin holes thus when a finial protective varnish is applied it will not contact the color layer allowing it to be removed when necessary for conservation or cleaning.

Even if the painting is not varnished it should be oiled out.  This will unify the upper layer and seal the lower color layer from environmental contaminates.  The rough surface in the sunken areas will also attract dirt if the painting is not oiled out.

Two quick comments on varnishing:

  • Old resin varnishes like Damar should not be used.
  • Paintings should never be varnished until the oil is sufficiently dry.  Premature varnishing can result with the varnish reacting with the paint film forming a tacky surface that does not dry properly if it ever dries.

Documental sobre Bram Stoker:

http://www.imdb.com/title/tt0393240/

http://www.tcd.ie/irishfilm/showfilm.php?fid=48318

A profile of Dublin-born novelist Bram Stoker – this documentary looks at Stoker in a new and revealing perspective, focusing in particular on the psycho-sexual elements of the novel as reflected in Stoker’s biography. Breaking the coded silence that surrounds Bram Stoker, the creator of one of literature’s most chilling and unforgettable characters, this documentary gives a unique understanding of the warring elements in his nature and sexuality that led him to write his masterpiece of the Gothic horror novel, Dracula. (Taken from the 2003 IFB Review) Documentary about the life and work of Bram Stoker. Discusses theories regarding his inspiration for the novel ‘Dracula’ published in 1897, and how the pre-occupations, obsessions and themes come from Stoker’s own Irish Background. The programme documents Bram Stoker’s life from his birth in 1847 two miles north of Dublin, his childhood illness, his time at Trinity from 1863, his work at Dublin Castle as a civil servant, and his friendship with Sir William and Lady Wilde, and their son Oscar, and Bram’s marriage to Florence. In particular it focuses on his lifelong friendship with Henry Irving and Stokers work as his assistant at the Lyceum Theatre in London.